Un intruso entre la nieve y el hielo

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Atrás han quedado tres días de porteo hasta el lugar donde me encuentro. Txingu y yo dejamos la tienda el primer día en un lugar donde el doble techo de la tienda ha quedado resguardado a su vez por la soledad del rincón perdido que hemos elegido. Mientras Txingu se recupera de la gripe, que acabó por tumbarlo viniendo de regreso de dejar esa tienda y otros materiales, yo he aprovechado para seguir trabajando y aclimatando.
Hoy sí me he propuesto no pegar ni golpe. Tan atareadas han andado las piernas en los últimos días, como los brazos y la espalda. Lo de los brazos es debido al clima, que nos tiene sometidos a sus caprichos. Tan pronto me retiro de la cara las gafas de sol porque parece que la noche cae sobre mí y es mediodía, como intercambio gorros por viseras y viceversa, al igual que con la ropa: a veces sobra todo y de repente tengo que arañar hasta lo último que guardo en mi mochila para ponérmelo.
Hoy parece que el sol hace esfuerzos por abrirse paso a codazos entre la niebla y algunos nubarrones, y aunque ha estado a punto de conseguirlo, la nieve gana la partida y se aventura a dejar su huella entre nosotros. Se nota que ese sol insiste en hacer acto de presencia porque la nieve no acaba de cuajar todavía. Para descansar, como hago yo ahora, es ideal que el sol esté algo resguardado, porque de lo contrario, si te pilla en la tienda, te asfixia, y hay que salir al aire libre a respirar.
Por suerte, he podido dejarme caer dormido en plena tarde, ayudado por un suave escalofrío que incluso me ha liberado de cualquier recuerdo o peso que no es precisamente la mochila, sino ese que te va cargando la vida. Aunque apenas ha sido media hora, al volver de ese sueño salpicado de nieve, me he quedado escuchando los copos golpeando en la tienda y el sonido de los cuervos. Afuera, el glaciar y sus montañas parecen fantasmas huérfanos abrazados por esa niebla letal que insiste en adueñarse de todo en este día. Por un momento, unos copos enloquecidos me han acabado de despertar y se han permitido el lujo de entrar a mi tienda. En realidad, soy yo el intruso en este mundo de nieve y hielo, pero lo que sí es cierto es que entre los que aquí nos hemos dado cita, nos tendremos que entender.
Y ahora es uno de esos momentos grandes del día: la cena. ¿Con qué nos sorprenderá Shanta hoy? ¿Y después? ¿Qué peli nos pondrá Gotzon después?

Publicado el 25/08/2010 por Alberto Zerain.

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