Radio Rombuk

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En estos ambientes en los que nos movemos, cualquier pequeña cosa puede llegar a ser la espina que te martiriza en cualquier movimiento. La noche pasada, a 6840 metros, a pesar de estar sumido en un sueño que te desconecta de todo, las toses de Txingu rasgaban la atmósfera pobre en elementos vitales para la vida. Es un murmullo constante que hace que Txingu esté perdiendo fuerzas hasta en los momentos en los que se debe recuperar. Hoy ha llamado a un médico, Iñaki Andreu, y tras explicarle los síntomas, resulta que no tenemos ese medicamento en nuestro botiquín. Lo último que Txingu ha pensado como solución ha sido llamar a la agencia y que el jefe, Damber Parajuli se lo envíe lo más urgente posible. Desde estas líneas le traspaso mis deseos para que este malestar se acabe.

Mientras tanto, a descansar y a escuchar la radio del glaciar del Rombuk, que dice lo siguiente:

«El viento sopla sin ruido a últimas horas de la tarde, acallado por el agua del glaciar que baja en caída libre. Pronto la noche detendrá su locura y amortiguará su albedrío. Entonces todo quedará equilibrado: las aves, las piedras rodando, las lonas de la tienda, el silbido del viento, el vagón de tren que no acaba y cuyo pasajero es el agua, nuestras voces, alguna que otra fiera que anda por ahí, las cazuelas, los martillazos de Shanta y, cómo no, nuestras respiraciones (sobre todo las toses de Gotzon y Txingu).
Es la morrena, que desborda vitalidad y comparte con nosotros el veneno de la vida».

Apago la radio, aunque la sigo oyendo, y, cómo no, antes de cenar quiero enviar mis felicitaciones a Javi López de Mendiguren y a su mujer, Leire, por el retoño que llegó días atrás para acompañarles en la vida…y a Patricia, mi mujer, por haceros llegar estas notas de expedición.

Hasta la próxima…

Publicado el 31/08/2010 por Alberto Zerain.

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