Preparativos Nanga Parbat

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Preparativos Nanga Parbat


En estos momentos comienza la cuenta atrás para comenzar la expedición hacia el Nanga Parbat. Por este motivo tenemos que ir ordenando ya las cosas que vamos a llevar vía cargo aéreo. Normalmente diez días antes de viajar se envían las cosas que no llevaremos en el equipaje de mano. Aunque cada vez se pueden conseguir más cosas en Pakistán relativas a la alimentación, siempre es conveniente elegir aquí aquéllas que, bien por su calidad o por lo bien que nos sientan, van a hacernos más amable la larga estancia que conlleva una expedición.


Antes podíamos meter de todo en los bidones sin que pasara nada. Hoy en día la vigilancia exhaustiva de los aeropuertos restringe por medidas de precaución cualquier elemento que pueda dar lugar a sospechas. En general, hablamos del gas y las baterías, aunque por prohibir hay una larga lista de cosas de comer ricas que de llevarlas, hay que disfrazarlas como Dios manda. Si a las autoridades aduaneras les da por abrir un bidón al azar donde viajan en primera esos lomos, ristras de chorizos y otras ricas viandas, es muy posible que nos quedemos sin cuerda fija para el campo base. Si bien esto no suele ocurrir porque estos productos resultan todavía alérgicos a la cultura del país.


Por lo general solemos llevar dos bidones por persona para el cargo y la bolsa de mano. Las expediciones pesadas en las que se equipa la ruta con cuerdas fijas y se llevan todo tipo de medios y comodidades hacen que el cargo aéreo sea una tarea laboriosa. En los últimos años la empresa Decoexa se encarga con mucha eficiencia de este envío tan importante. Itziar Vadillo sabe ya de nuestras expediciones probablemente más que nosotros. Acostumbrada a tener en sus manos los listados del material desde que en 1993 saliera por primera vez de expedición a un ochomil, no sería de extrañar que algún día me recordara algo como: “esta vez lleváis pocas anclas de nieve o ¡qué pocos tornillos de hielo lleváis!”. En fin, es un respiro saber que el cargo nos espera en el lugar de destino.


Cuando uno llega a Islamabad por primera vez resulta impactante por el cambio tan fuerte que supone. Recuerdo que en mi caso fue en junio del 97 teniendo como objetivo el K2. El calor bochornoso de la capital se intensificaba más aún debido a la cálida acogida de su gente. Fueron varios días los que pasamos en la capital hasta que por fin montamos en el autobús que nos llevaría hasta Eskardu por la vertiginosa High way, más de 700 kilómetros de recorrido a una media de 25 km/ hora. Después de esa primera vez he vuelto otras dos veces más formando parte de otras expediciones. Siempre saboreando cada kilómetro por la carretera, en realidad porque no había más remedio, aunque eso sí, cada vez que la dejaba atrás nunca me arrepentía. Hacerlo en bicicleta por cambiar tiene que ser una aventura y disfrute continuo.


En estos momentos nos encontramos a tres semanas de montarnos en otro autobús por la misma carretera que tantos años costó construirla y tanto esfuerzo cuesta mantenerla. Esta vez no será para completar esos 700 kilómetros. Bastará con la mitad para llegar al cruce que marca con un letrero carcomido por el sol y la intemperie: Nanga Parbat. Un resplandor gigante de cuerpo níveo nos cegará la vista si pretendemos deleitarnos con la observación de su figura. Nos costará acostumbrarnos a mirarle de frente y perdernos entre sus pliegues recorridos por glaciares colgantes y escalofriantes extensiones de roca desnuda. Pero de eso ya habrá tiempo más tarde, ahora tengo que ir a trabajar y despertar a la realidad más inmediata que me espera. Hasta la próxima.

Alberto

Publicado el 31/05/2011 por Alberto Zerain.

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