Para seguir progresando es necesaria la complicidad de la climatología

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El día 2 de septiembre hemos vuelto a salir, morrena arriba, al campo que tenemos instalados en la montaña sin nombre, a 6840 metros. Atrás hemos dejado tres días de inestabilidad atmosférica y de grandes nevadas, días que hemos aprovechado para descansar y comer bien. La morrena está cubierta por una buena capa de nieve, lo que nos pone sobre aviso de que va a ser muy duro abrir huella en la montaña. Por lo menos disfrutamos del día espléndido que ha salido mientras avanzamos. Sin embargo, las cosas no van a cambiar. A mitad del corredor que nos lleva al campo 2, se vuelve a cubrir, y la llegada a este lugar vuelve a convertirse en una batalla.

Ya dentro de la tienda son las cinco de la tarde y, tras descansar 30 minutos escuchando el coro de la ventisca y los perdigonazos de nieve en la tienda, procedemos a preparar la cena para luego poder derretir agua abundante. Txingu y yo nos conformamos con un sobre de tallarines coreanos con gambas y setas, al que le añadimos una lata grande de bonito encebollado. Parece que las inclemencias de afuera nada tienen que ver con nosotros mientras hincamos el diente a la cena que, por cierto, está riquísima. 

La noche continúa revuelta y las horas pasan despacio. El frío se deja sentir más que la vez pasada. En la madrugada, las avalanchas caen como fruta madura por todo el perímetro que recorre el Changtse en el lado nuestro y el estruendo llena de vida la soledad que nos envuelve. Sólo a las diez de la mañana nos atrevemos a abrir la cremallera de la tienda porque el sol trae algo de quietud al espacio en que estamos. Es entonces cuando vemos las toneladas de nieve rendidas a los pies de la montaña y las huellas de los aludes de placa, a la vista, en algunos casos, hasta la misma arista que va al Changtse. Así que nos espera un día de fotos y descanso: lo más apropiado para seguir aclimatando.

Mañana, si el tiempo mejora, daremos un paseo hasta la arista y de aquí decidiremos lo que hacemos. Evaluaremos la peligrosidad y la estabilidad de la nieve y, si el tiempo continúa malo, bajaremos mañana por la mañana hasta el campo base.

Publicado el 03/09/2010 por Alberto Zerain.

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