Nos quedamos al Ramadán

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Nos quedamos al Ramadán

Cuando no salen las cosas no queda otra que resignarse. Y no hablo de la montaña que eso ya se sabe cómo es, hablo de los siete largos días que llevamos en la capital de Pakistán ya que no hemos podido adelantar el vuelo. Hubo un amago hace cinco días pero se quedó sólo en el intento. Al hostal donde estamos alojados le llamamos cariñosamente la mazmorra, ya que son pocos los ratos que salimos y cuando lo hacemos, a veces nos arrepentimos y queremos volver cuanto antes a la madriguera. Andar por ahí dando vueltas a más de 40 º te va mermando y uno acaba caminando como si arrastrase las piernas desganado y con la galbana metida en el cuerpo a todas horas mientras el sudor chorrea bajo la ropa. Así que la habitación del hostal provista de dos hélices para provocar aire y un climatizador de aire frío nos ayudan a hacer más llevaderas las horas. También dispone de internet aunque en muchos momentos salta la luz y te incomoda.

El viaje que hicimos de Chilas a Islamabad hace una semana se alargó más de la cuenta y finalmente en vez de llegar a las 9 de la noche como se tenía previsto, llegamos a las 3 de la mañana. Horas antes habíamos hecho una parada a cenar barbacoa en Quetap, donde al día siguiente hubo uno de esos atentados típicos del país con el resultado de varios muertos. Una semana aquí da para mucho a pesar de ser sólo ratos los que salimos a la calle. Compras, gastronomía, visita a alguna mezquita y rally en los taxis que tomamos. Éstos parecen que tienen prohibido pisar el freno por lo que se van metiendo por cualquier hueco antes de usarlo y si algún peatón cruza la calle parece que aceleraran para atropellarlo. Hace un par de días que empezó el Ramadan, así que durante un mes los que son fieles a estas creencias islámicas, los musulmanes, dedicarán más tiempo a la oración y a alimentar el espíritu porque el organismo se tendrá que mantener ayunando durante el día a lo largo de un mes. También se abstendrán de otras practicas como las sexuales. Desde que llegamos de Chilas parece que estamos celebrando nuestro Ramadán particular, ya que durante el día preferimos alimentarnos a base de fruta o zumos (los verdaderos practicantes, a no ser por motivos de salud, ni eso prueban). Al principio se hace algo duro pero se acaba agradeciendo. La razón de esta decisión es sobre todo, el calor y el excesivo picante con el que sazonan los platos típicos del país. Aunque les pidas que no echen picante se les va la mano, y lo digo yo que me encanta. Es muy normal que en mitad de la cena, casi siempre a base de guisos de pollo, barbacoa, arroz, kebab etc, acabemos con el rostro cubierto de sudor y erguidos mientras conversamos acelerados y emitiendo gestos extraños a causa del picor que nos envuelve. Por esta razón decidimos invitar una noche a Anwar al hotel Marriot, un hotel de muchas estrellas y muy alto y grande que sirve buffet y no utiliza apenas picante en los numerosos platos que hay. Al parecer, diariamente hay una especialidad de comida del mundo aparte de todo el recital de platos y postres que a lo largo de varios metros están expuestos con exquisito gusto. Resulta que la especialidad de ese día era comida mejicana, e incluso las especias estaban aparte de los diferentes productos. El que creyese que estábamos haciendo régimen para venir finos al verano europeo, no acertó porque la verdad es que nos pusimos tibios. Lo único que me fue quitando el hambre fue ver a Cuny engullendo el quinto plato que lo llenó tanto, que tenía que colocar a modo de cartola su mano izquierda y parte del brazo. Luego vinieron los postres que ayudaron a bajar la abundante comida. Después, un espresso y a seguir recordando los versos del trovador y poeta argentino, José Larralde: "Cuando me fui hacia el Mazeno naide salió a despedirme. Solamente el cocinero, Zackir. En las tiendas se oía la distancia que da el ronquido en la noche, mientras el silbido de la marmota se afinaba para el nuevo día. Me calcé las botas, me eché atrás el ala, empujé el bastón y como de costumbre, tomé un té. Pasé por las tiendas, saludé a todos y recibí de vuelta el testigo mudo de la indiferencia. Sin pensarlo más, seguí hacia el glaciar como si nada, deslizándome entre el escombraje de la morrena. Antes de ser tragado por el caos de piedra y hielo, eché atrás la última mirada hacia el campo base, al comedor, a Zackir saludándome con sus brazos, a los bidones, a los compañeros escondidos en las tiendas atados al mismo insolente ronquido". Y no sigo para que José Larralde no se enfade con nuestras ocurrencias y estribillos que como él, difícilmente otro exprese mejor.

Amwar nos recordó que el Hotel donde estábamos era el que atacaron con bombas hace algo más de dos años y causó numerosos muertos, así como su destrucción completa. Sí que habíamos advertido a la entrada que había un riguroso control pero nada más.

Esta noche, con un poco de suerte estaremos viajando hacia casa, justo cuando en Vitoria arrancan las fiestas con la bajada de Celedón. Felices fiestas a todos.

Publicado el 03/08/2011 por Alberto Zerain.

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