Más nieve...

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Antes de ayer, día 14, volvimos a peregrinar hacia nuestro objetivo. Antes de cruzar el río, hicimos una parada en el campamento de los italianos, quienes tampoco han conseguido que los yaks cruzaran este río. Todo el grupo está al otro lado, al parecer, llevando cosas e inspeccionando el lugar. El cocinero nos invita un té y seguidamente nos ponemos en marcha. Yo voy con pantalones cortos y camiseta, aunque sé que no durará mucho porque, como es habitual, volverá a cubrirse el cielo, nevará, y el de hoy será un día más como los de costumbre.

Cuando llegamos al campamento de la fuente desde donde se accede a la zona más caótica de la morrena, nos encontramos con tres porteadores tibetanos y dos compañeros del trío de escaladores italianos. Les regalamos una ristra de chorizo, ya que sabemos que los fiambres que llevaban les fueron requisados por los chinos en la frontera. Pronto se dan media vuelta hacia su campo, al otro lado del río. Txingu y yo subimos al mirador para observar el Everest y ver de paso por dónde andan los tres italianos que pretenden lo mismo que nosotros. Lo mismo, exactamente lo mismo no, puesto que, al parecer, quieren bajar esquiando.

Al rato de estar mirando hacia el glaciar, vemos a Eduardo, que viene muy justo de fuerzas y asustado, además de solo. Se trata del tercer acompañante de los tres escaladores italianos que viene de trekking. Al mirar su ropa, sucia de tierra y su cara, entre alegre por vernos y llorosa por el susto que lleva, comprendemos que, intentando regresar, se ha caído varias veces. Minutos después, comienza a nevar, por lo que los tres nos resguardamos en nuestra tienda, y le proponemos que, si está muy cansado, se quede a dormir en la tienda. Ya más tranquilo, y con la cena recién hecha, puede hasta deleitarse con el puré de patatas y trozos de bacalao que le servimos. Poco después aparecen los tres guías italianos y, a regañadientes, Eduardo se une a ellos para bajar a su campamento base.

Durante la noche, la nieve cae, sin mucha obsesión, pero continuamente. Así que por la mañana tenemos 10 centímetros de nieve a nuestro alrededor. El sol sale y va desapareciendo la nieve, y a eso de las once de la mañana decidimos subir un pico de unos 7000 metros de altura. Nuevamente, el clima no nos deja seguir, por estar cubierta de nieve la zona y no verse el camino. Nos conformamos con haber llegado a los 6400 metros. Al llegar a la tienda, de nuevo la nieve vuelve a acompañarnos y ya no para en toda la noche.

Hoy, día 16 de septiembre, el sol tampoco quiere salir y continúa la inestabilidad. Ante estas circunstancias, no queda otra que mantenerse animados, aunque es una realidad que toda esta nieve caída en la zona del Everest necesita una transformación de unos días, contando con algunos días de buen tiempo.

A las doce del mediodía decidimos bajar al campo chino, por lo que, de camino visitamos a los italianos, con los que nos sentimos muy bien. Edmond, el jefe de expedición nos carga en la mochila un tetrabrik con 5 litros de vino. Creo que ha debido de ver a Txingu colorado y no lo ha dudado.

Ahora estamos de nuevo en el base chino esperando la oportunidad para intentar ir hacia el objetivo.

Publicado el 16/09/2010 por Alberto Zerain.

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