Llegada al Campo Base

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Hemos dejado Chilas atrás muy temprano y tras media hora en una furgoneta que va camino de Skardú hemos cambiado de vehículo para poder introducirnos por un valle que conecta con la vertiente del Diamir. El camino es estrecho, tanto que de venir un vehículo de frente no sé cómo haríamos para pasar los dos. Akwar, el dueño de la agencia Lela Peak nos dice que antes de emprender un tramo por estos caminos se debe llamar para informar del horario en que recorreremos el tramo. Hablando de Akwar, nunca antes me había pasado que el dueño de la agencia nos acompañara al Campo Base para estar presente en todos los momentos hasta llegar al Campo Base.

Nunca faltan las sorpresas al contratar a los porteadores y para estar al día en las gestiones y ser competente y formal con sus clientes se fía más de lo que él ve en directo que de lo que le pueden contar. Para seguir cumpliendo con otros clientes que van viniendo para realizar otras actividades tiene la suerte de contar con su hermano gemelo que se encarga de todo.
Después de llegar al Campo Base con nosotros volverá a desandar el camino pasando antes por Skardú y continuando de nuevo hasta Islamabad, lo cual no me da ninguna envidia.

Tras una hora larga arañando con las ruedas el precipicio, el 4 x 4 se detiene en un punto donde la vertiente del Diamir se abre por un encajonado callejón por donde bajan las aguas enloquecidas del río Bigy. Para entrar por el sendero cruzamos otro río y atravesamos el pueblo de Diamiroi que, en un sitio como este, inhóspito y alejado de todo, cobra importancia a pesar de tratarse de humildes chabolas rodeadas de trigales y arrozales.
El agua de los ríos que se juntan en esta boca del valle hace que el futuro esté asegurado para estas humildes gentes.
Vamos recorriendo el sendero que nos permite empezar a sintonizar con un ambiente de montaña donde todavía veremos más habitantes que aprovechan las bondades de este valle para sacar adelante la vida.

Pronto aparece el Nanga Parbat a nuestros ojos. Las escarpadas aristas se van adueñando del paisaje. A ratos, atravesamos bosques de abedules, coníferas y nogales, entre otros. Pero los porteadores están más atentos a otros árboles que les puedan regalar alguna fruta como las que tanto aprecian en Pakistán, los albaricoqueros. Cuando la altura y el calor aprietan más, una sombra junto a un riachuelo nos regala una sentada en la que compartimos un almuerzo y té con quienes nos acompañan en la marcha y no se separan de nosotros. Se trata del cocinero Shakir y del ayudante de cocina Icramulat. En la bandeja no faltan los típicos chapatis o tortas de harina de trigo con mantequilla u otras cosas, la patata cocida, el huevo, las galletas o las Saltinas picantes. Mientras damos buena cuenta de todo, conversamos con los que se van parando a nuestro alrededor. Después podemos seguir disfrutando cuando se puede de las sombras que nos obsequia el arbolado, de los niños que salen a nuestro encuentro alborotados y a deseos de contacto con esos raros personajes que somos nosotros y que peregrinamos hacia la montaña con la que ellos conviven a diario.

El altímetro marca los 2700 metros, por lo que vamos llegando al final de la etapa y lo hacemos en la escuela de un pueblo fundada por el magnífico alpinista Reinhold Messner. Todavía tenemos varias horas de luz que aprovechamos para ir entrando al ambiente de expedición que se avecina. Junto con Miguel y Txingu vienen también otras dos personas: Fredi, el que coincidió conmigo en el K2 y Kuni, un argentino con el que estamos haciendo buenas migas. En la escuela hay una profesora alemana que lleva tres meses enseñando en las aulas básicos conocimientos, aunque lo más seguro es que será ella la que más aprende de estos niños y su entorno.

Pronto llega el turno de los burros, que tras ser descargados también quieren su momento de protagonismos y comienzan a correr alborotados por entre nosotros y las cargas. Un burrillo negro está con fuerzas aún y no duda en hacerle la corte a cualquiera de las hembras hasta que los lugareños lo controlan a base de palos y cuerdas.
Tras una noche tranquila y tibia, emprendemos la segunda y última etapa para llegar al campo base. Tras haber disfrutado de los primeros mil metros recorriendo las entrañas del valle del Diamir, nos paramos en una explanada ideal para el pastoreo. Al lado se adivina ya la última curva que nos llevará en otras dos horas al emplazamiento donde su ubica la cara oeste del Nanga Parbat, donde instalaremos el Campo Base. A nuestra derecha, la gran muralla de escarpadas crestas nos muestra lo inabarcable que resulta alcanzar con la mirada toda la arista del Mazeno. Y para más deleite, unas paredes de roca perfectas para quedar ubicadas en cualquier escuela de escalada, decoran este lugar.

Por fin una alfombra de césped cubierto de azuladas flores khamskra para más señas en el idioma urdu nos hacen olvidar el cansancio y, sin darnos cuenta, llegamos a nuestro destino: el añorado Campo Base.

Oinarrizko kanpamendura

Chilas atzean utzita, oso goiz, Skardurantz habiatu gara, lehenago, furgonetaz aldatu behar izan dugu Diamirreko isurialdearekin lotutako haranetik bidaiatu dezagun. Bideari dagokionez, oso estua da, eta beste auto bat etorri izango balitz, ez nukeen jakingo ze maniobra egin, horregatik aldez aurretik Lela Peakeko agentziako zuzendariak informazio deia egin behar dela adierazi digu, beti ere gure ordutegia zehazteko. Nobedade moduan, Akwar bera gurekin batera egingo du bidaia oinarrizko kanpamendurarte.

Honek bere anaiaren laguntza dauka gestioak momentu orotan kontrolpean izateko. Gurekin oinarrizko kanpamendurarte iristean, berrio Skardurako bidean izango da Isalamaden gelditu arte.

Bigy ibaiko ur biziak aurkituko ditugu Diamirreko isurialdetik jarraituz, ur hauek Diamiroi bezalako herrixka urrunduen iragana bermatzen du.

Urrunean Nanga Parbat begi bistan daukagu, urki eta intxaurrondo basoak atzean usten ditugun bitartean. Baina gidariek gogokoen dituztenak, fruituak dituztenak dira, arbeletxekoak dituztenak hain zuzen. Bidean, geldialdi txiki bat egin dugu tea edateko eta zerbait jateko, beste gauzen artean, “chapatiak” eta garizko opilak. Bitartean, gure gauzaz ari garenean umeak jolasean ikus ditzakegu, eta baita haien harridura aurpegiak gu ikustean.

2700 metrotan aurkitu gara jada, eskola bat aurkitu dugu bidearen amaieran, herrixka jator batean, Reinhold Messnerrek sortua. Oraindik argitasun ordu batzuekin Txingu, Miguel, Fredi eta lagun argentinar batekin hitz egiteko aukera izan dugu. Klaseetan irakasle alemaniar bat 3 hilabete daramatza ezagutzak irakasten haurrei, baina seguruenik bera izango da aberastasun handiena lortzen duena esperientzia berri horrekin.

Astoen laguntzaz zamak eramaten hasi gara, beti ere herritarren gidapean. Gau lasai bat pasa ondoren oinarrizko kanpamendura iristeko azken pausoa emateko denbora iritsi da. Diamirreko aranaren bideak amaitzean lautada batean gelditu ginen, bertatik bi ordutara oinarrizko kanpamendua ezarriko dugun tokia aurkituko dugu, Nanga Parbaten mendebaldeko aurpegia.

Lore eder eta urdinduen artean ibiliz iritsi gara kanpamendura, honek bat-batean nekea ahaztarazi digu, bertan geunden.

Itzulpena: Andoni Zerain

Publicado el 26/06/2011 por Alberto Zerain.

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