A resguardo en el campo base chino (actualizado)

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La tormenta arrecia por la noche en plena víspera de luna llena, y como resultado, es una noche negra que no entiende de claridades ni reflejos. Una noche más, aliada con los ingredientes que más nos inquietan a los montañeros. Pero por lo menos hoy hemos podido abandonar el espacio diminuto de nuestra tienda-pared situada en el mejor anfiteatro para el recital que nos ha dedicado el Everest con toda suerte de coros esta noche pasada: avalanchas a diestro y siniestro, desmoronamiento de hielo y piedras que parecían no querer parar, y todo este ruido difuminado por la furia de los copos de nieve ametrallando nuestra tienda de una sola tela.

Por supuesto, Txingu y yo hemos respondido a este alarde de fuerza con unos ronquidos atípicos, o por lo menos yo, así me lo ha contado esta mañana Txingu. En realidad, no es normal que haya podido dormir casi de tirón con una noche así, ignorando todo ese cóctel de poder e intimidación. Pocas horas antes había estado pensando en meternos en la pared esa noche, con lo que esto significa de nervios, pero no tanto por el hecho de meternos en la pared, sino por la poca confianza que ofrece la climatología. Los partes que nos llegaron de los meteorólogos recomendados por J. L. Mendieta, en voz de Patricia, mi mujer, efectivamente daban malo y, al parecer, hasta el jueves no se vislumbra algo de estabilidad como para pensar en atacar la pared. Si esto es así, estaríamos ante la última oportunidad para intentarlo, ya que estamos consumiendo lo que da de sí la expedición. 

Por otra parte, esta mañana nos hemos enterado de que uno de los italianos que intenta nuestra ruta sufre un edema, noticia que ha cogido por sorpresa a sus compañeros en la fase de aclimatación. Hoy hemos bajado junto con ellos. Al parecer, la buena reacción que han tenido cuando se le ha suministrado dexametasona en pastilla primero y, posteriormente, en la noche, tres inyecciones, ha hecho posible que ahora vaya recuperándose. No obstante, tendrá que bajar y, lamentablemente, aquí se le acaba la expedición. Sus compañeros también lo han pasado fatal la ver que los brazos y piernas se le agarrotaban, así como parte de la cara. Desde aquí deseamos una pronta mejoría para Gianluca.

Hasta la próxima.

Publicado el 21/09/2010 por Alberto Zerain.

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